En el 1996, los integrantes del socialismo, pronosticaron que Aznar pretendía privatizar la sanidad, las pensiones y la educación. Al contrario, si bien por aquellas fechas el PSOE había dejado quebrada la Seguridad Social –hasta el punto de que Pedro Solbes aconsejó que se abrieran planes privados de pensiones–, la gestión del PP fue capaz de sanearla, crear un Fondo de Reserva, integrarnos en el euro y crear 3 millones de empleos.
Ahora nos encontramos en una situación parecida o mucho peor. Zapatero, Rubalcaba y sus correligionarios han dejado vacía la despensa del Estado: desde 2004, el número de parados ha aumentado en más de dos millones, la deuda pública se ha duplicado, nuestras cajas de ahorros se encuentran desprovistas de capital, nuestra Seguridad Social vuelve a padecer un déficit de facto y la sanidad acumula unos pasivos ocultos de más de 15.000 millones. Algunas estimaciones conservadoras sostienen que Zapatero nos ha costado directamente a todos los españoles medio billón de euros, más de 11.000 euros por ciudadano
Y en medio de toda esta ruina, el Sr. Rubalcaba y su equipo, principales corresponsables de esta catástrofe, sólo saben acusar a la derecha de querer rebajar el sueldo a los funcionarios y las pensiones a los jubilados, de buscar introducir el copago, de desear despedir a profesores y, en definitiva, de ansiar enterrar el Estado de bienestar.
Hay que ser muy desvergonzado para, después de cometer los mayores recortes sociales de nuestra democracia y después de condenar al desempleo estructural a una generación entera de jóvenes, acusar a los demás de los despropósitos propios debidos a su ambición, falta de escrúpulos y por ser unos verdaderos inútiles en la gestión económica.
No, el miedo no debemos tenérselo a una derecha cuyo único propósito es que España vuelva a ser un país donde las empresas ganen dinero y donde todos los trabajadores encuentren un empleo, pudiendo salir de la indigencia en la que actualmente se encuentran millón y medio de personas carentes de ninguna clase de recursos.
El miedo debemos tenérselo a una izquierda sin escrúpulos, que ha preferido arruinar a un país entero antes que dar su brazo a torcer. Lo temible no es la gestión responsable, sino el fanatismo suicida. El miedo deberíamos tenérselo a esa izquierda rencorosa, sibilina e inutil, cuya razón de ser está sostenida por un fanatismo suicida, responsable de la actual situación en la que se encuentra nuestra querida España.
